Antes de echarle salsa a tus tacos…

Mi abuelo me insistía mucho en “no ponerle limón” ni a los tacos, ni a los camarones, ni a platillo alguno a menos que tuviera que taparle un “mal sazón” y yo rebelde niña-adolescente (si, fui rebelde) disfrutaba tanto del cítrico que se me olvidaba poner más atención a lo que estaba sucediendo en cada bocado.

Hoy, varios años después, extrañándolo (ojo, a valorar mientras los tenemos) tengo mucho que agradecerle. Primero, me cayó el veinte recientemente que la primera persona que me indujo al buen comer fue él, (aunque yo ya tenía bastante bien posicionados los langostinos y el cangrejo a la mantequilla a mis 2 años) desde su maravilloso pavo (siempre en el punto perfecto) y el espectacular e incomparable bacalao en Navidad; hasta nuestros viajes y visitas a icónicos restaurantes y puestitos o mi frasco de chocolates de la mejor chocolatería que hubo en México a principios de los noventas. Don Óscar era un excelente comensal muy bien recibido en cada visita. Sin darme cuenta, mi abuelo iba poco a poco entrenando mi “buen diente” y estoy convencida que el sazón es de familia.

Tuve una mala rachita. Seguía poniéndole limón a los tacos al pastor y al pescado (sobre todo a esos empanizaditos que son clásicos en los mercados del D.F. sin olvidar la salsa Valentina), pero todo cambió cuando me aventuré a probarlos “solitos” por primera vez.

Hazlo, ahora. Aléjate del limón. Créeme te cambia la vida. Antes de hacerle cualquier cosa a eso que te vas a comer (cualquier cosa es: agregarle sal, limón o salsa), dale la oportunidad a ese platillo de expresarse tal y como es, hazle el honor al cocinero o al chef y deja que tu gusto se comunique contigo.

Si ya lo intentaste y de plano no puedes dejar de hacerlo, anda; ponle su limoncito, pero a sabiendas de que ya le diste su justa oportunidad de ser lo que es. Al final, la comida es la mayor forma de expresión libre de la que puede gozar un ser humano (cuando se goza de ella). Eliges qué ponerle, cómo presentarlo… Decides a base de opciones de un menú o salivas con una fotografía (¡#foodporn!); incluso del plato que llevaron a la mesa de al lado. Ya sea que cocines o “devores” este mundo es de antojos.

Como decía Sartre, “Comer es apropiarse por destrucción”.

¿Hoy de qué tienes ganas?

Eataly
Eataly
A los 2 años, hincándole bien el diente a una pata de cangrejo.
A los 2 años, hincándole bien el diente a una pata de cangrejo.
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